Enemigo Oculto
Porteños todos: Algo raro está pasando, ocurre frente a nuestras narices, y no queremos verlo. Cada mes surge una nueva pasta o un nuevo cepillo de dientes. Más alcance, mangos anatómicos o ingredientes más enérgicos en el combate de las caries, el sarro y el mal aliento. Cualquier argumento es válido y todas las nuevas innovaciones siempre dejan en ridículo a los productos dentales del mes anterior. Parece como si la NASA fuera la encargada de mejorar día a día cada uno de estos utensilios de higiene bucal, porque desde que compramos la famosa pasta de dientes (en algún supermercado o farmacia) hasta que la dejamos en nuestros baños, el producto ya está obsoleto. Para colmo, frente a tamaña oleada de innovaciones científicas, las picaduras igual siguen haciendo de las suyas en la dentadura de niños y adultos.
No obstante, ante este panorama aciago, todavía existen soluciones o al menos caminos alternativos. Precisamente, en el libro "Perfecciono mi Yoga" (editorial Emecé-Urano, de 1988) el señor Andre Van Lysebeth señala: "…Este es el alfa de la higiene bucal: comer alimentos duros que obligan a masticar, que hacen trabajar los dientes y proporcionan un masaje a las encías… coma, pues, pan negro y duro, mastique zanahoria: eso le evitará muchas entrevistas con su dentista."
Y el señor Van Lysebeth da un paso más allá atreviéndose a dar las siguientes instrucciones:
Primera operación: arrojar a la basura los cepillos y los tubos de dentífrico.
Segunda operación: Lavarse las manos.
Tercera operación: Preparar el dentífrico del "Doctor Sivananda", compuesto de aceite y de sal marina. La receta consiste en verter algunas gotas de aceite de mesa en una taza, luego agregar sal, mezclar con el índice y el producto ya está listo para ser utilizado.
Cuarta operación: con un mondadientes de madera quitar los restos de alimentos de entre los dientes y servirse después del mejor de los cepillos: los dedos índice y medio.
Las instrucciones quizás parecen una broma. Sin embargo, ante la colosal derrota de los cepillos y las pastas dentales en la batalla contra las caries, no me atrevería a descartarlas de plano y menos a reírme a carcajadas por temor a que de pronto se afloje y caiga a piso alguno de mis frágiles y desgastados dientes.

Junio 2008